Relato basado en la sentencia de primera instancia dictada por el juez Jaime Salas, confirmada con modificaciones por la Corte Suprema en 2007.

José Matías Ñanco

José Matías Ñanco, campesino mapuche, muere por múltiples heridas de bala el 31 de octubre de 1973 durante un operativo militar en el sector costero de Maiquillahue, comuna de Mariquina. La acción estuvo a cargo del teniente Sergio Héctor Rivera Bozzo de la Armada, quien actuó acompañado de personal naval de la Gobernación Marítima de Valdivia. Según todos los testimonios de la causa, el cuerpo sin vida de Matías Ñanco fue subido a un helicóptero por orden del aludido teniente, lanzado desde el aire y hecho desaparecer en las aguas del Océano Pacífico. Tras un proceso judicial y posterior fallo de la Corte Suprema (enero 2007), Rivera Bozzo fue condenado como autor del delito de homicidio en la persona de José Matías Ñanco. En el mismo fallo, fueron condenados otros cinco acusados en calidad de encubridores; el civil Juan de Dios Caniulaf Hualme, y los ex cadetes de la Armada, Christian Edgardo Bórquez Bernucci, Rodolfo Ramón Mondión Romo, Julio Germán Vera Arriagaday Javier Luis Felipe Vera Jünemann.

La sentencia de apelación estima, en cuanto a la participación de Juan de Dios Caniulaf Hualme, que su conducta se ajusta a lo señalado en el artículo 16 del Código Penal, esto es, tiene calidad de cómplice del delito de homicidio investigado, por cuanto cooperó a la ejecución el hecho delictivo por actos anteriores a éste. Para fundamentar la nueva calificación del tipo de participación atribuida al acusado Caniulaf Hualme, el tribunal señala que dicha situación se evidencia con los diferentes antecedentes de autos, en especial las declaraciones de sus copartícipes, los otros procesados de autos, en cuanto señalan que fue Caniulaf quien facilitó los nombres de José Matías Ñanco, quien resultó muerto, y de otras personas que fueron detenidas el 31 de octubre de 1973. Que así también lo expresan otros testigos que deponen en estos autos. Todos señalan que fue Caniulaf Hualme quien era conocedor del lugar y de las personas que lo habitaban, quien dio los antecedentes a los militares que realizaban el operativo (considerando 11° y 12° sentencia de apelación).

Según se ha podido determinar en el proceso, el principal objetivo de dicha acción era la búsqueda de armamento y de personas vinculadas a partidos políticos de izquierda en la zona. De este modo, personal naval, a instancias de un sujeto delator “de raza mapuche” que adhería al Partido Nacional y quien además profesaba la “fe católica”, se detuvo a varios sujetos de ideas políticas de izquierda y fe evangélica-pentecostal. Esta última información constituye un dato de especial relevancia para entender las motivaciones que habría tenido dicho civil delator, Juan de Dios Caniulaf Hualme, sobre quien “… se ha probado en la causa que Caniulaf Hualme movido por razones étnicas, religiosas y políticas facilitó a los co-procesados todos los medios para que éstos aprovecharan de los efectos  del homicidio de José Matías Ñanco, esto es, procurar la intimidación de otros mapuches y conducir a aquellos por el agreste Sector Maiquillahue a fin de que pudiesen concluir el operativo y, en definitiva, consumar la desaparición del cadáver de Matías Ñanco” (considerado 20º).

En este sentido, y atendiendo a las razones que habrían motivado el operativo, resulta relevante el muy posterior testimonio de Juan de Dios Silva de la Paz, el cual se produce con motivo de la denominada Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación [en la sentencia no se explicita quién es esta persona. Sin embargo, con motivo de dicha Comisión, este testigo participó personalmente en la recopilación de antecedentes para entregarlos a la base central de datos en Santiago]. Silva de la Paz “recuerda que en una conversación personal con don Juan de Dios Caniulaf, este le dijo que había hecho una denuncia antes del 11 de septiembre de 1973, porque le habrían tirado a su casa una piedra con un papel en el que se le hacía amenazas de muerte. Le dijo que el alcalde designado por ese entonces, Guillermo Mitre Valverde, fue quien llamó a los militares, diciendo que había una escuela de guerrilla en Maiquillahue. En este sentido, se advierte que, entre las razones de hegemonía mapuche, de religión, la supuesta escuela de guerrilla en dicha localidad fue el motivo por el cual intervino la Armada en Maiquillahue” (considerando 1.15).

Es decir, no solamente se consigna el hecho de que el delator actuó como “baquiano”, es decir, como guía experimentado en la zona y sus caminos, durante la acción militar y en colaboración con los acusados, asunto que queda claramente establecido en los hechos que se tienen como probados de la sentencia. Asimismo, se puede concluir también, como lo consigna el considerando 20º, la pre existencia de conflictos y diferencias religiosas e ideológicas profundas al interior de la comunidad mapuche de la zona que gatillan la denuncia inicial sobre una posible guerrilla o foco de insurgencia en el lugar, basada en un afán de venganza.

Según consignan todos los testimonios tanto de los acusados como de los testigos de manera coherente, durante el citado operativo el teniente Sergio Héctor Rivera Bozzo abrió fuego en contra del comunero mapuche evangélico, José Matías Ñanco, falleciendo este último de manera inmediata. Los testimonios de los testigos civiles (los campesinos mapuches identificados como sospechosos y posteriormente llevados en helicópteros en calidad de detenidos a la ciudad de Valdivia) son lo más elocuentes en relación a la autoría del crimen y fueron considerados como pruebas en el proceso. En este sentido, el testimonio de Emilio Aillapán Matías, señala que el teniente Rivera Bozzo disparó en contra de José Matías Ñanco. Luego, el propio Aillapán fue trasladado a Valdivia y afirma no haber sabido nada más de Matías Ñanco, pero que sí vio cuando fue muerto.

Cabe destacar que algunos familiares de la víctima (Bernardo Carmen Matías Jaramillo, Francisco Segundo Matías Nahuelpán, lsaías Jorge Matías Ñancuan y Pascual Ñancuan Alba) también fueron aprehendidos durante el operativo en Maiquillahue y subidos a un helicóptero para permanecer detenidos alrededor de dos semanas (considerando 1.8, 1.14, 1.21, 1.23).

El testimonio de Bernardo Carmen Matías Jaramillo, también fue considerado como prueba. Matías Jaramillo asegura que escuchó que durante el operativo un militar llamó a José Matías Ñanco quien estaba trabajando en su huerta. El militar le ordena saltar el cerco, pero que debido a la edad de Matías Ñanco (alrededor de 60 años), éste no pudo saltar. Escuchó, entonces, que Matías Ñanco gritó “Aleluya” y luego dos disparos, además de un largo quejido de la víctima al caer al suelo. Agrega que los militares los golpearon a todo el resto, los subieron a un helicóptero y que estuvieron detenidos por catorce días (considerando 1.8).

En relación a los hechos que se tienen por probados para cada acusado, no puede este relato citar lo que la sentencia expresa en el caso de Sergio Héctor Rivera Bozzo, teniente de la Armada, acusado como autor, ya que en esta parte falta una página de la sentecia.

Luego, en relación al acusado Rodolfo Ramón Mondión Romo, ex cadete naval de la Armada, acusado de encubridor, el tribunal expresa que se pudo probar por los dichos de los propios acusados (excepto Juan de Dios Caniulaf) y de todos marineros declarantes en este proceso que intervinieron en el operativo que, luego de la muerte de la víctima, el citado operativo continuó realizándose por varias horas conforme lo prevenido. La conducción de éste estuvo a cargo del teniente Rivera y de los ex cadetes procesados. Fueron ellos mismos los que decidieron trasladar el cuerpo desde el sitio del suceso en dirección al punto de reunión en el que descenderían los helicópteros. Todos los ex cadetes navales acusados dicen haber oído que el cadáver fue lanzado al océano desde un helicóptero (con excepción de Vera Arriagada que dice que se les «cayó»). Por lo tanto, “si ello es así, esto es, si vieron a la víctima muerta, dispusieron el traslado de la misma y coordinaron el operativo hasta su término, resulta inverosímil creer que ignoran dónde y quién consumó la desaparición de los restos de Matías Ñanco, pues ello, sin duda fue un aspecto central del aludido operativo y que, atendido el proceder anterior de los acusados, es obvio que, a lo menos, coordinaron ellos personalmente” (considerando 8°, letra d).

En relación al tercer acusado como encubridor, Julio Germán Vera Arriagada, ex cadete naval de la Armada, el procesado confesó su participación en el hecho punible. No obstante, el tribunal le atribuye circunstancias que pueden eximirlo de responsabilidad o atenuar la que se le imputa. Sin embargo, como tales circunstancias no se encuentran comprobadas en el proceso, “el Tribunal no les dará valor, atendiendo al modo en que verosímilmente acaecerían los hechos y a los datos que arroja el proceso para apreciar los antecedentes, el carácter y la veracidad del procesado y la exactitud de su exposición” (considerando 11°). En circunstancias en que el acusado presentó declaración indagatoria en relación al hecho, señaló que “el cuerpo de la persona muerta fue colocado en el piso del helicóptero y, a causa del movimiento de la máquina, se cayó en momentos que iban despegando. Precisa que el cuerpo no cayó al mar, sino que a la orilla de la costa, en unas rocas. Dice que no recuerda que hubiesen bajado a sacar el cuerpo, porque el despegue fue muy difícil a causa de las características geográficas del lugar, ignorando si otras personas retiraron el cuerpo de entre los roqueríos” (considerando 10°).

En relación al acusado como encubridor, Javier Luis Felipe Vera Jünemann, ex cadete naval de la Armada, la sentencia expresa que: “Tal y como se ha señalado en los motivos precedentes se ha establecido en la causa que, entre el teniente Rivera y los ex cadetes navales que lo secundaban, entre ellos Vera Jünemann existía una particular vinculación la que, en la práctica conllevaba la habitual operatividad y toma de decisiones en forma conjunta” (considerando 14°, letra a). También se encuentra aprobado por los dichos de los propios acusados y de todos los marineros declarantes en este proceso que intervinieron en el operativo que, luego de la muerte de la víctima, aquél continuó realizándose por varias horas conforme lo previsto. La conducción de éste estuvo a cargo del teniente Rivera y de los ex cadetes procesados. Fueron ellos mismos los que decidieron trasladar el cuerpo desde el sitio del suceso en dirección al punto de reunión en el que descenderían los helicópteros. Todos los ex cadetes navales acusados dicen haber oído que el cadáver fue lanzado al océano desde un helicóptero (a excepción de Vera Arriagada que dice que se les “cayó»). “Si ello es así, esto es, si vieron a la víctima muerta, dispusieron el traslado de la misma y coordinaron el operativo hasta su término, resulta inverosímil creer que ignora el acusado dónde y quién consumó la desaparición de los restos de Matías Ñanco, pues ello, sin duda fue un aspecto central del aludido operativo y que, atendido el proceder anterior de los acusados, es obvio que, a lo menos, coordinaron ellos personalmente” (considerando 14°, letra d).

Sobre el acusado de encubridor en esta causa, Christian Edgardo Bórquez Bernucci, ex cadete naval de la Armada, el tribunal asume que atendida la estrecha vinculación existente entre el teniente Rivera y los restantes ex cadetes navales, entre ellos el acusado, “es inverosímil su declaración en el sentido de que sólo habría tenido conocimiento posterior de que el cadáver de la víctima habría sido lanzado desde un helicóptero. Se encuentra probado que el operativo en el Sector de Maiquillahue fue planificado y ejecutado por él y el resto de los acusados, por lo que resulta absurdo pensar que ignora lo que sucedió respecto de un aspecto fundamental de dicho operativo” (considerando 17°, letra c).

Por último, en relación al acusado de encubridor, el civil Juan de Dios Caniulaf Hualme, el tribunal expresa que efectivamente se ha probado en la causa que éste estuvo movido por razones étnicas, religiosas y políticas, y que facilitó a los co-procesados todos los medios para que éstos aprovecharan de los efectos del homicidio de José Matías Ñanco, esto es, “procurar la intimidación de otros mapuches y conducir a aquellos por el agreste Sector Maiquillahue a fin de que pudiesen concluir el operativo y, en definitiva, consumar la desaparición del cadáver de Matías Ñanco” (considerando 20°).

Por tratarse de una causa de detenido desaparecido en la que no hubo hallazgo de restos, la única referencia al destino final de éstos la constituyen los testimonios aportados al proceso. Éstos manifiestan que el cuerpo de la víctima fue subido a un helicóptero y, una vez en vuelo, el cadáver fue lanzado al océano, por lo que jamás llegó a la ciudad de Valdivia (considerando 1.34). Además, en la declaración de hechos probados, se establece que, con posterioridad a la muerte de José Matías Ñanco, el Teniente a cargo del operativo, concertado con cuatro ex cadetes navales reincorporados a la Gobernación Marítima de Valdivia, dispusieron que algunos de los detenidos trasladaran el cadáver en una camilla artesanal hasta uno de los helicópteros, desde el cual, los uniformados, una vez en vuelo, procedieron la arrojar el cuerpo a las aguas del Océano Pacífico (considerando 2°).

Por esta causa fueron condenados:

Sergio Héctor Rivera Bozzo, condenado a cinco años y un día en calidad de autor del delito de homicidio en la persona de José Matías Ñanco.

Juan de Dios Caniulaf Hualme, condenado a tres años en calidad de encubridor del delito de homicidio en la persona de José Matías Ñanco.

Por último, Christian Edgardo Bórquez Bernucci, Rodolfo Ramón Mondión Romo, Julio Germán Vera Arraigada, y Javier Luis Felipe Vera Jünemann, condenados, cada uno, a la pena de 541 días de presidio menor en calidad de encubridores del delito de homicidio en la persona de José Matías Ñanco.