Relato basado en la sentencia de primera instancia dictada por el Ministro de fuero Joaquín Billard, confirmada por la Corte de Apelaciones en 2006.

José Rodríguez Torres

El 31 de octubre de 1973, José Segundo Rodríguez Torres, de 25 años, comerciante de ferias libres, casado y sin filiación política conocida, fue detenido en su domicilio de calle Madre Antonia N°881, población Coll, en la ciudad de La Serena. Bajo el pretexto de que Rodríguez Torres habría tenido participación en un delito común, una patrulla militar lo trasladó al Regimiento “Arica” de la misma ciudad y dispuso su encierro en un calabozo al interior de dicho recinto. Allí se le mantuvo sin ser puesto a disposición de Carabineros para la denuncia correspondiente ante el Juzgado del Crimen, como habría correspondido por la naturaleza de la presunción.

Al día siguiente, y como consecuencia del uso de armas de fuego por personal militar, José Segundo Rodríguez Torres falleció en el recinto militar. Más tarde, fue sepultado sin conocimiento de sus familiares en el Cementerio Municipal de la ciudad, en la misma fosa común utilizada para la inhumación de las víctimas de la denominada “Caravana de la Muerte”. La inhumación de la víctima fue ejecutada por el único acusado y condenado en esta causa, Héctor Vallejos, por entonces sargento primero destinado al Regimiento “Arica” de La Serena, quien reconoce haber llevado el cuerpo hasta el cementerio municipal para enterrarlo en una fosa común.

Así consta también en el Informe de la Fundación Archivos de la Vicaría de la Solidaridad, documento que el tribunal consideró entre las pruebas de esta causa. Dicho informe señala respecto de José Rodríguez Torres, que fue detenido el día 30 de octubre de 1973 [no obstante, la versión oficial de la detención establecida por el tribunal dice que fue el 31 de octubre de 1973], en su domicilio por efectivos de militares, quienes lo condujeron al Regimiento “Arica” de la Serena, siendo ejecutado el 1 de noviembre del mismo año.

En relación con José Rodríguez Torres, vale la pena señalar que la versión que circuló en el Regimiento sobre la muerte de la víctima, y los comentarios que se hacían al respecto, dicen relación con que Rodríguez Torres supuestamente intentó huir de los vigilantes y en esas circunstancias se le dio muerte. Así lo confirman los testimonios de Luis Humberto Fernández Monjes, Pedro Andrés Rodríguez Bustos y Fernando Guillermo Santiago Polanco Gallardo, quienes se desempeñaban en el Regimiento “Arica” de La Serena (considerando 6°, n°25, 27 y 28).

Días después, el padre del fallecido, José Rodríguez Acosta, de 55 años de edad, casado, comerciante, sin filiación política conocida, se presentó en el Regimiento “Arica” a requerir antecedentes sobre su hijo. En ese mismo lugar también fue detenido y se le mantuvo encerrado en el cuarto de herramientas, “donde encontró la muerte por herida de bala el 8 de noviembre de 1973 y su cadáver también fue trasladado al mismo lugar en que días antes se sepultó a su hijo” (considerando 7°). El citado Informe de la Vicaría de la Solidaridad confirma esta información y afirma que José Rodríguez Acosta, tras ser allanado en su domicilio se presentó voluntariamente el día 7 de noviembre de 1973 al Regimiento “Arica” de la Serena, lugar donde quedó detenido; el día 8 de noviembre fue ejecutado, por agentes del Estado (considerando 6°, n°2). Al igual que lo sucedido con su hijo, el cadáver de esta segunda víctima fue trasladado por el acusado Héctor Vallejos al mismo lugar en que días antes se había sepultado su hijo. En ambas ocasiones el acusado ingresó por una puerta lateral al cementerio para no ser visto (considerandos 7° y 9°).

En relación al supuesto intento de fuga de José Rodríguez Torres, resulta significativa la declaración judicial de Ariosto Alberto Francisco Lapostol Orrego, Comandante del Regimiento Arica con el grado de Teniente Coronel, quien manifiesta que “a fines de octubre, no recuerda exactamente la fecha, se le informó que una patrulla militar había detenido a una persona de unos veinticinco años de edad, que la noche anterior había asaltado a una mujer, lo llevaron al Regimiento Arica, dejándolo en una especie de calabozo; en horas de la madrugada el detenido pidió autorización para ir al baño, circunstancia que aprovecho para atacar al centinela, el cual para defenderse le dio muerte. Días después llegó hasta su despacho el padre del detenido, a fin de solicitar se hicieran los trámites para la sepultación en el cementerio, ya que él carecía de los medios económicos, por lo cual instruyó a un oficial que se encargara de ello y que lo sepultara en una fosa común” (considerando 6°, n°6).

Por otra parte, los numerosos testimonios de familiares de las víctimas coinciden todos en las circunstancias de la detención de ambas víctimas. Es decir, con que ambos fueron detenidos por motivos desconocidos y que ninguno de los dos tenía filiación política. Asimismo, agregan que una vez que el padre de José Rodríguez Torres, José Rodríguez Acosta se presenta en el Regimiento voluntariamente para reclamar el cuerpo de su hijo, es detenido y luego asesinado, los militares del Regimiento Arica jamás les entregaron los cuerpos y que “solo se limitaron a señalar que se encontraban enterrados”. Muy posteriormente el año 1999, “sus cuerpos fueron encontrados y presentaban impactos de bala, considerando 6°, n°11) en una fosa común del Cementerio de la Serena, y luego de su identificación les fueron entregados a sus familiares” (considerando 6°, n°7, 8, 11, 12, 16, 17). Así lo señalan las declaraciones de Judith del Carmen Rodríguez Torres, Judith del Rosario Rodríguez Manterola, María Magdalena Manterola Rojas, Jorge Rolando Rodríguez Torres, Margarita Soledad Rodríguez Torres y Clara del Carmen Rodríguez Torres, familiares de las víctimas.

Es recién entonces, a fines de los noventa, y tras la Orden de Investigar de la Brigada de Homicidios de la Serena de la Policía de Investigaciones de Chile, cuando se concluye que, según las pericias realizadas, “las osamentas materia de la presente investigación corresponden a tres individuos de sexo masculino, identificados como José María Rodríguez Acosta, José Segundo Rodríguez Torres y Aquiles Francisco Santoni Díaz” (considerando 6°, n°20). La identidad de ambas víctimas Rodríguez entre los restos humanos del Cementerio Municipal es confirmada por Nora Patricia Hernández Mellado, quien en su calidad de médico cirujano y funcionaria del Servicio Médico Legal, participó en la “identificación de los cadáveres encontrados en una fosa común del Cementerio Municipal de La Serena, entre los cuales se logró identificar a José Rodríguez padre e hijo” (considerando 6°, n°32).

Como elemento de prueba del fallecimiento de ambas víctimas, el tribunal consideró los certificados de defunción y respectivas actas de inscripción existentes tanto de José Segundo Rodríguez Torres como de José Rodríguez Acosta (considerando 6°, n°3).

Por esta causa, el Suboficial Mayor de Ejército, Héctor Omar Vallejos Birtiola, fue  condenado como encubridor de los delitos de homicidio simple de José Segundo Rodríguez Torres y su padre, José María Rodríguez Acosta, perpetrados en la ciudad de La Serena los días 01 y 08 de noviembre de 1973. Respecto a los hechos que permiten sostener la participación del acusado, el tribunal no los identifica en un considerando en particular. Sin embargo, de la información contenida en la sentencia es posible señalar como probados los hechos anteriormente relatados.

No obstante, el acusado no reconoce responsabilidad directa en la muerte de ambas víctimas. En una declaración indagatoria manifestó que el año 1973 tenía el grado de sargento primero y estaba destinado al Regimiento “Arica” de La Serena, en la Sección II, Unidad de Contrainteligencia. En relación a los hechos investigados señala recordar que José Rodríguez Torres fue detenido por un oficial y trasladado al regimiento. Agrega además que del detenido se tenían antecedentes de que se trataba de un delincuente habitual, razón por la cual decidió interrogarlo. No obstante ello, encontrándose él todavía en su oficina habría escuchado unos disparos y que, al bajar, los oficiales de guardia le señalaron que el detenido Rodríguez Torres había intentado fugarse, por lo que le habían disparado.

Esa misma noche, algo más tarde, declara haber llevado el cuerpo del sujeto hasta el cementerio municipal, con el fin de enterrarlo en una fosa común. Luego, al día siguiente, informó de lo ocurrido a sus superiores, pero admite que jamás se realizó un sumario interno para determinar las causas de la muerte de Rodríguez Torres. En días posteriores, no recuerda exactamente cuándo, afirma que se detuvo al padre de la víctima, José Rodríguez Acosta, debido a los comentarios en los que éste señalaban que “la vida de su hijo valía la vida de cinco milicos”. Declara que a Rodríguez Acosta también se le trasladó al regimiento, pero a la enfermería, ya que se trataba de un hombre mayor. Dos días más tarde, se enteró que esta persona había fallecido de un ataque al corazón. Admite haber visto personalmente su cuerpo, ya que tomó el cadáver y lo fue a enterrar al cementerio de igual forma que a su hijo. Agrega, además, que en ambas ocasiones ingresó por una puerta lateral al cementerio para no ser visto. Su declaración fue considerada por el tribunal como confesión sobre su participación en los hechos, en conformidad al artículo 488 del Código de Procedimiento Penal, una de las pruebas más relevantes para así tener por probada la participación del acusado.

Coincide con este último relato la declaración de Luis Humberto Fernández Monjes, quien para la época tenía el grado de cabo primero y estaba destinado al Regimiento “Arica” de La Serena. En relación a las circunstancias de la detención de José Rodríguez Torres, conocido como el Zapallo, su relato es el mismo que el que consignan los demás testimonios. No obstante, su testimonio admite la duda sobre la supuesta muerte producto de un ataque cardíaco de Rodríguez padre. Señala ignorar los motivos de su detención y afirma que “sólo recuerda que se enteró por comentarios que intento huir de los vigilantes y en esas circunstancias se le dio muerte”. Respecto del padre de la víctima, José Rodríguez Acosta, señala también que fue detenido en días posteriores a la muerte de su hijo y que “falleció en el interior del Regimiento producto de un ataque cardíaco, conforme lo certificó el médico, además agrega que vio el cadáver del señor el cual no presentaba sangre de manera visible, pero que existe la posibilidad de que hubiese recibido los impactos de una munición calibre 38, y no se diera cuenta atendida la gran masa corporal y exceso de peso (considerando 6°, n°25).

También puede ser relevante el testimonio de Fernando Homero Marambio Andueza, quien efectuaba el servicio militar obligatorio en el Regimiento de Artillería Motorizada “Arica” con asiento en la ciudad de La Serena en el año 1973. Respecto de lo sucedido con José Rodríguez Torres y José Rodríguez Acosta, señala que conocía a estas dos personas pues vivían en la población donde él también residía. A Rodríguez Torres, el hijo, lo vio cuando llegó detenido al regimiento, lugar donde estuvo uno o dos días y luego dejó de verlo ignorando en la oportunidad que sucedió con él. Señala que, días después llego preso el padre, quien falleció dentro del calabozo, señala que vio su cuerpo sin vida cuando los estaban sacando, reconociendo su rostro amoratado, seguramente como consecuencia de los golpes recibidos durante su cautiverio (considerando 6°, n°30).